Grian – Guerreros del Arcoiris

Decididos a crear un nuevo mundo

De hormigas, estupidez… y ética

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Haiti: "...los que suelen pagar el pato no suelen ser los que generan el problema."

Hace más de un mes que escribí mi último artículo de “Guerreros del Arcoiris”, y en todo este tiempo han pasado muchas cosas en el mundo. No hace falta hacer una relación de todo ello. Tan solo constatar, por enésima vez, la sospecha de que nuestro planeta puede haber iniciado ya los reajustes anunciados por James Lovelock, el autor de la Teoría Gaia, ante los cambios que hemos generado en el sistema global; unos ajustes que, en su mayor parte, ni siquiera pueden llegar a imaginar nuestros científicos, pero que indudablemente vamos a sufrir, como sufren las hormigas a nuestras excavadoras cuando hacemos una autopista.

En ese aspecto, nuestro planeta no va a tener piedad, como tampoco la tenemos nosotros con las hormigas. Simplemente, va a llevar a cabo los ajustes necesarios para el mantenimiento de los sistemas vitales del planeta, por el bien de la vida toda, y no sólo de la especie humana.

Al fin y al cabo, nos la estamos buscando; aunque, por desgracia, los que suelen pagar el pato no suelen ser los que generan el problema.

Los dirigentes políticos y económicos, y los componentes de los consejos de administración de las grandes multinacionales, que son los que se empeñan en seguir deteriorando los sistemas vitales de la Tierra, no sufren las consecuencias de sus decisiones.  Sólo ven por televisión los desastres de los tsunamis, de los terremotos o las inundaciones.

En eso, nuestra Madre Tierra es injusta, pero no lo es más de lo que lo somos nosotros con las hormigas… o con las focas… o las ballenas… las gallinas… en fin…

También he constatado, por enésima vez, que nuestras clases políticas (las de todo el mundo) siguen pensando que sus pueblos son una pandilla de niños de 12 años… o menos. Aunque muchos de nuestros políticos (no todos) son personas inteligentes, “y con muchos matices”, como me recordaba recientemente un amigo que fue ministro en el gobierno de España, su comportamiento público sigue rigiéndose por la ley de «¡A ver quién la tiene más larga!», como diría Joan Manuel Serrat.

El espectáculo que ofrece la clase política en los países occidentales, donde tan listos nos creemos, es una imitación de las clásicas discusiones de los niños en la escuela, aunque con chaquetas, corbatas, micrófonos, periodistas, cámaras, flases y jefes de prensa. Los “matices” de los que me hablaba mi amigo exministro desaparecen bajo el mensaje monocromo e irracional de “Todo lo que hace el gobierno está mal” o “Todo lo que hace la oposición está mal”.

Y me aburro; la verdad es que me aburro. Intento “estar al día”, viendo lo que pasa en el mundo… pero me aburro solemnemente. Siempre los mismos mensajes, siempre los mismos despotriques, en una dirección y en otra, siempre las mismas excusas, siempre las mismas mentiras, siempre las mismas actitudes interesadas, egoístas, egocéntricas, superficiales, banales, psicológicamente ensimismadas, ausentes de la realidad…

"...los mensajes de los periodistas no se diferencian mucho de los mensajes de los políticos, a los que, con mayor o menor intensidad, defienden."

Y me aburro también porque los medios de comunicación no son capaces de evadirse de esa misma enfermedad que aqueja a la clase política. Todo es o blanco, o negro, sin matices, sin verdaderas opiniones alternativas, creativas, diferentes, sin verdaderas críticas constructivas… Estos canales, estas emisoras de radio y estos periódicos están con este bando. Estos otros canales, estas otras emisoras de radio y estos otros periódicos están con el otro bando. Y los mensajes de los periodistas no se diferencian mucho de los mensajes de los políticos a los que, con mayor o menor intensidad, defienden. (Bueno… digo mal… porque algunos periodistas lanzan incluso mensajes incendiarios, descerebrados.)

No sé si a las hormigas les pasará lo mismo en sus inmensas colectividades, tan similares a las nuestras en aglomeración. Aunque quiero pensar que a ellas no les pasa como a nosotros. Quizás nuestros males son los males propios de la civilización, y ellas, claro está, están organizadas socialmente, pero no tienen una civilización. A veces pienso que la civilización, al tiempo que nos hace medrar y florecer, nos mata de mera estupidez.

Y me rebelo contra esa estupidez que nos hace creernos la cúspide de la Creación, mientras masacramos a millones de nuestros semejantes en guerras indignas; mientras empobrecemos a más de la mitad de nuestros hermanos y les condenamos a pasar hambre por unos indecentes beneficios económicos; mientras destruimos a todas las especies que nos rodean, arrasamos bosques, y envenenamos el cielo y los mares como si fuéramos los reyes del mambo; mientras permitimos que nuestros semejantes duerman en las calles en los arrogantes países ricos; mientras permitimos que unos dementes religiosos lapiden a niñas inocentes con el consentimiento de toda autoridad civil y religiosa; mientras algunas de nuestras mentes más brillantes dedican su vida a crear armas terroríficas; quizás por una cuestión de vanidoso prestigio; quizás, simplemente, por la codicia del dinero que les comporta…

Y, luego, tenemos la desfachatez de alardear de nuestros logros como especie.

Indudablemente, nuestra especie puede ser grande, muy grande. Pero, para ello, tendremos que asumir humildemente (el universo es paradójico) nuestra verdadera posición en el entramado de la Vida: quien quiera ser el primero, póngase el último y al servicio de todos. Y tendremos, cómo no, que aceptar definitivamente que no puede haber civilización que mil años dure sin un sólido código ético, un código de honor cuasi caballeresco, que nos impida, desde dentro, por conciencia, y no desde fuera, y por ley, hacer tantas estupideces como nos creemos con derecho a hacer.

Se hace perentorio que nuestras civilizaciones, todas las que pueblan el planeta, ésas que se pretende que dialoguen, asuman de antemano que, sin una sólida base ética, jamás resolveremos los problemas a los que nos venimos enfrentando desde los orígenes de la historia; una base ética que nadie pueda manipular (me refiero a los poderes religiosos, y digo “poderes”), una base ética que todos podamos compartir, seamos materialistas o espirituales, musulmanes o cristianos, orientales u occidentales,  del norte o del sur; una base ética, en definitiva, que dirija nuestras acciones desde nuestro propio interior, por convicción y no por imposición, por la mera Belleza inherente a todo comportamiento recto, honesto, auténtico, transparente, NOBLE…

Para esa base ética, quizás podríamos empezar con el marco que aporta la Carta de la Tierra, pero los políticos de las Naciones Unidas todavía no han encontrado el coraje necesario para respaldarla definitivamente.

¿Qué pensarán las hormigas de nosotros?

¿Quién sabe? Lo bien cierto es que, en tanto no demos el salto evolutivo que supone instaurar la ley de la ética (de la compasión y del amor) dentro de nuestros corazones, no seremos mejores que las hormigas.

No. Ciertamente, no somos mejores que ellas.

ESTUPIDEZ: Ninguno de nosotros es tan estúpido como todos nosotros... (juntos, claro está)

febrero 15, 2010 Publicado por | Ética, Cambio social, Ecología | , , , , , , , | 2 comentarios

Lo que me queda de la Cumbre de Copenhague

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A pesar de que se les dice alto y claro, los líderes mundiales siguen dando prioridad a los intereses por encima de los principios

Terminó la esperada Cumbre de Copenhague. Y terminó como muchos esperaban que terminara: con un desastroso fracaso de la política internacional. Los que siguen pensando que el planeta Tierra es su cortijo deben de estar contentos, y los que pensamos que el planeta Tierra es un entramado de vida, quizás incluso un organismo vivo en sí mismo, hemos optado por la «división de opiniones»; o, al menos, por la «división de actitudes».

Los hay que, por su carácter pesimista, lo ven ahora todo negro y se han sumido en la desesperanza.

Los hay que, siendo más bien personas preocupadas, fruncen el ceño y barruntan para sus adentros el inquietante panorama que se nos presenta.

Los hay que, debido a su sangre caliente, se enfurecen ante tanta estupidez como puede congregarse en un solo evento (el poeta y filósofo alemán Friedrich Schiller decía, «Contra la estupidez humana, los propios dioses luchan en vano»).

Y los hay que, como yo, o como Emilio Carrillo, en un artículo que ha publicado en su blog, hemos optado por ver la semilla de oro en el plomo (o el punto de yin dentro del yang, como se prefiera). Quizás seamos unos «optimistas». Algunos dirán que somos unos idealistas trasnochados. Pero yo prefiero pensar, como Gandhi, que somos «idealistas prácticos».

¿Qué me ha quedado a mí de la Cumbre de Copenhague?

Me han quedado varias cosas, a saber:

En primer lugar, que ya está bien de confiar en la clase política, por muy «moderna» y avanzada que nos parezca. Que lo que es evidente es que el desaguisado lo tenemos que resolver entre todos, entre la sociedad civil; y que, para ello, tendremos que ser sumamente creativos e ingeniosos, buscando las mil maneras de que los que gobiernan terminen por abrir los ojos y ver lo que se nos avecina a todos (Internet sin duda será clave en este empeño).

En segundo lugar, y ya que estamos en ello, me queda la respuesta de la sociedad civil en Copenhague, con sus manifestaciones y protestas. Sobre todo, me queda el magnífico golpe de efecto de Greenpeace en «la cena de las pajaritas», con su contundente cartel de «Los políticos hablan, los líderes actúan»; frase que está dentro de la línea más pura de los orígenes de Greenpeace, con su adherencia a la profecía nativa americana de los Guerreros del Arcoiris (tanto la versión cree como la hopi de la profecía dice que los Guerreros del Arcoiris «pondrán su fe en las acciones, no en las palabras»).

En la línea más pura de los orígenes de Greenpeace: "pondrán su fe en las acciones, no en las palabras"

En tercer lugar, y ya que hablamos de acción, me queda la tercera ley de Newton, o principio de acción-reacción, que dice que, cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto. Esta ley se puede comprobar en la vida cotidiana fácilmente; cuando uno quiere dar un salto, lo primero que hace es agacharse para empujar con los pies el suelo. Así se obtiene el impulso para saltar hacia arriba. Es decir, cuanto más nos obliguen a agacharnos y pretendan que escondamos la cabeza debajo del ala, más alto saltaremos nosotros, los que creemos que otro mundo mejor es posible, para hacernos ver y ponerles en evidencia.

Eso ya nos pasó en los años 60-70, cuando el gobierno de los Estados Unidos intentó acallar las voces pacifistas contra la Guerra de Vietnam. En la célebre Marcha sobre el Pentágono de 1967 se manifestaron unas 100.000 personas. Menos de 40 años después, el pacifismo es una fuerza que no sólo no pueden ignorar, sino que temen (por eso prohiben la emisión de imágenes de las guerras de Iraq o Afganistán); y en las manifestaciones contra la guerra de Iraq no fueron unas decenas de miles de personas las que se manifestaron, sino millones y millones en medio mundo (entre Roma, Londres, Madrid y Barcelona, sumaron 7 millones de personas).

Así opera la tercera ley de Newton… aplicada a las «ciencias sociales».

Y, por último, y como resumen de todo lo anterior, de la Cumbre de Copenhague me queda algo mucho más… ¿cómo lo diría? …algo más «intenso»:

Me queda la determinación, multiplicada ahora por x, de seguir trabajando y luchando (sí, «luchando») por ese mundo mejor posible.

Me queda la convicción profunda de que finalmente lograremos nuestro objetivo.

Y me queda la decisión firme de sumarme a la próxima concentración de la sociedad civil frente a las puertas de la próxima cumbre de políticos sonámbulos (como la de Copenhague) que se organice.

Mi aportación, en número y en relevancia, será ciertamente humilde, pero no se me escapa la enorme importancia que tiene que todos y cada uno de los que creemos en otra humanidad y otro mundo arrimemos el hombro en este empeño.

diciembre 24, 2009 Publicado por | Activismo, Ecología, Guerreros del Arcoiris, Sostenibilidad | , , , , , | Dejar un comentario

Sorprendente

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Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático, 7-18 diciembre 2009

La Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático, que se va a celebrar entre los días 7 y 18 de este mes, bien podría ser nuestra última ocasión de detener la enloquecida carrera hacia el abismo que llevamos como especie.

En un principio, parecía que iba a ser un fracaso más de la política mundial, habida cuenta de que, hace once días, sólo habían confirmado su asistencia 65 representantes de los 192 estados miembros de la ONU. Pero, ayer, el primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, confirmó que la asistencia ascendía ya a un centenar de países.

Esto no quiere decir que ya no vaya a ser un fracaso de todas formas, pero sí al menos que parece haber un mayor interés en el tema, si bien ese interés se me sigue antojando insuficiente. La mayoría de ellos sólo estarán en Copenhague los dos últimos días, aunque habrá muchos que sí irán el día 9, con motivo de la presencia de Obama en la cumbre. Y es que, ya se sabe, atrae más el «glamour» de estrecharle la mano al presidente Obama que intentar dar solución a los verdaderos problemas a los que nos enfrentamos en nuestro planeta.

Desde un principio, no ha dejado de sorprenderme la escasa importancia que muchos líderes mundiales le están dando al problema del cambio climático, ofuscados en la economía de sus propios países, sin querer aceptar que cualquier plan económico que ingenien les va a servir de poco ante las demoledoras consecuencias que puede tener un grave deterioro del clima en la Tierra. Su actitud es como la de aquel hombre que, intentando no pisar una mierda de perro —y perdón por la palabra, pero convendrá que vayamos llamando a las cosas por su nombre—, se negaba a mirar que se le venía encima un piano de cola desde un séptimo piso. Y, sin embargo, estos líderes gobiernan y toman decisiones en nombre de millones y millones de personas en todo el mundo…

Sorprendentes

Sorprendentes

Tendrá que convenir conmigo en que esta situación es, cuando menos, sorprendente.

Pero aún me sorprende más la interpretación que algunas «buenas almas» hacen de lo que se está planteando en la Cumbre de Copenhague. En las páginas de Internet del periódico Libertad Digital, presentaban, hace cosa de un mes, el siguiente titular: «Impuestos verdes a nivel global: La Cumbre de Copenhague incluye la creación de un “Gobierno” Mundial», y luego, en la cabecera de la noticia, decían: «La cumbre sobre cambio climático que se celebrará en Copenhague en diciembre esconde la mayor amenaza para el libre mercado desde la caída del Muro de Berlín. Bajo la excusa del calentamiento, la ONU prevé un “Gobierno” con capacidad para recaudar impuestos y redistribuir riqueza a nivel mundial». Y, para acabarlo de arreglar, añadían un vídeo con el título de «La amenaza de un Gobierno Mundial».

Lo que yo vería como una noticia esperanzadora (claro está, depende de cómo se implemente), hay personas que lo ven como una amenaza para el libre mercado y un peligro de proporciones catastróficas. Esto es lo que podríamos denominar «diversidad intracultural». Pero en realidad es, más bien, la diferencia entre una visión de justicia social y una aspiración a una Cultura de Paz planetaria, y la actitud de aquél que dice «Que nadie toque nada, que a MÍ me han ido muy bien las cosas tal como están. Que nadie toque el sistema».

El libre mercado, tal como se ha concebido hasta ahora y se ha estado llevando a la práctica, es uno de los grandes responsables de la pobreza en el mundo, de que el 20% de la población mundial detente el 80% de las riquezas mundiales. En ese sentido, me parecería una cuestión de justicia social que ese hipotético «Gobierno» Mundial se dedicara a recaudar impuestos entre el 20% de los que más tenemos para redistribuir riqueza entre el 80% de los que menos tienen, entre otras cosas porque nosotros nos hemos enriquecido a costa de ellos.

Por otra parte, si esa redistribución facilita que los países en vías de desarrollo contaminen menos (recordemos que los países emergentes esgrimen el argumento de por qué van ellos a reducir sus emisiones de CO2, ahora que están despegando, cuando nosotros hemos estado contaminando impunemente durante décadas), lo veré por bien empleado, aunque en Libertad Digital pongan en duda la «teoría» del cambio climático y pretendan aducir «pruebas» de su inexistencia (habría que preguntar quién pagó las investigaciones de donde salieron esas «pruebas»).

Y, por último, la supuesta «amenaza de un Gobierno Mundial»… ¿qué se puede decir de esto…?

Sí… ya sé: «Por favor, por favor… sigan amenazándome con ello».

Si vamos hacia una globalización controlada por la economía y por los mercados, como así sucede en estos momentos (es decir, si vamos hacia un mundo controlado por las grandes multinacionales y los grandes capitales, y no por los gobiernos nacionales), ¿qué menos que algún tipo de control político y de decisiones políticas sobre esa globalización? Y, si queremos un mundo sin guerras, ¿no convendrá que vayamos comenzando a recorrer el camino, pasito a pasito, para la desaparición de las fronteras nacionales y la instauración de un verdadero gobierno planetario?

Sé que no podemos poner demasiadas esperanzas en ese hipotético y amenazador «Gobierno» Mundial; en primer lugar, porque va a ser difícil que se acepte y, en segundo, porque, aunque se haga una realidad, habrá que ver si es capaz de ir más allá de lo que se ha permitido ir a las Naciones Unidas. Pero convendrá usted conmigo en que «más vale eso que nada».

Blog sobre la Cumbre de Copenhague

En verdad que somos «sorprendentes» los seres humanos. Lo que para unos es miel, para otros es hiel. Pero nuestra diversidad, intercultural e «intracultural», quizás podamos reducirla finalmente, más allá de las diferencias de orientación política, a la diferencia entre aquellas personas que viven aún en la consciencia del «yo/mi/mío» y aquellas personas que han comenzado a vivir en la consciencia del «nosotros/todos/vida-toda/planeta».

Nota: Si desea ver la noticia de Libertad Digital (cosa que no le recomiendo, aunque sólo sea por no aumentar su número de visitas) la dirección es ésta: http://www.libertaddigital.com/economia/la-cumbre-de-copenhague-incluye-la-creacion-de-un-gobierno-mundial-1276375330/. Si desea, por otra parte, llevar un seguimiento sensato sobre la Cumbre de Copenhague, le sugiero las siguientes direcciones: http://es.cop15.dk/, página de las Naciones Unidas sobre la Cumbre de Copenhague, y http://copenhagen2009.blogspot.com/ el blog de un activista medioambiental que viene siguiendo el tema desde hace tiempo.

diciembre 2, 2009 Publicado por | Ecología, Justicia, Sostenibilidad | , , , , , , | 3 comentarios

   

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