Apoyo a WikiLeaks de una veterana de la Guerra de Iraq
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Los que, desde sus despachos, envían a los soldados a la guerra no derraman lágrimas por los horrores que sus ojos han visto
Ayer, mientras corregía mi artículo Cablegate IV: la Contracultura sigue viva, en el que hablaba de cómo los veteranos disidentes de la Guerra de Vietnam se han convertido ahora en los veteranos disidentes de la Guerra de Iraq, la página BusinessInsider.com publicaba los comentarios de una veterana de la Guerra de Iraq a uno de sus artículos; unos comentarios que venían a confirmar, una vez más, mis palabras.
He querido traducir las palabras de Veronica, esta soldado norteamericana, para que los lectores de habla hispana puedan conocer sus pensamientos sobre lo que vivió en Iraq y sobre por qué apoya ahora las filtraciones de WikiLeaks. Esto es lo que se publicó ayer de ella en BusinessInsider.com:
Veronica, una lectora de Business Insider, publicó este comentario en [nuestro artículo] The Backlash Against Wikileaks Is Outrageous: What Happened to Freedom of The Press?
“Soy una veterana de la Guerra de Iraq (Operación Libertad Iraquí, 2003) y apoyo a WikiLeaks.
De entrada, yo no apoyaba la guerra en la que fui obligada a intervenir. Repasando los acontecimientos de la guerra (en sus mismos comienzos), había algunas acciones cuestionables. No me gustaban muchas de las cosas que veía o que hacía, y con frecuencia me preguntaba cómo podía haber alguien que pudiera tomar las decisiones que se estaban tomando. Había muchas cosas deplorables ante mi propia conciencia (y siguen pareciéndome deplorables), y yo no era la única que veía las cosas así.
Creo que la opinión pública tiene el derecho a saber la verdad acerca de todo, en especial acerca del modo en que se toman las decisiones. Es fácil estar en una oficina, sin haberse tenido que enfrentar nunca a los ojos de otras personas que te devuelven fijamente la mirada, que te gritan, o que te entregan a sus hijos moribundos. Ésas son las personas que deciden el destino de los demás. ¿Acaso la opinión pública no tiene derecho a saber la verdad, en lugar de la propaganda del gobierno?
No es que importe la edad que yo tenía, pero yo tenía 20 años cuando serví en Iraq. No, no era una niña; pero, decididamente, no tenía la experiencia vital suficiente como para poner en duda las acciones de mi país. Me uní [al ejército] por honor. Yo había visto a mi padre servir, también en una guerra, y siempre me había sentido muy orgullosa de él.
Pero mi idea del servicio al país era muy de cuento de hadas. Hubiera deseado que mi padre me hubiera explicado lo duro que era todo aquello, especialmente la guerra. No obstante, tengo que decir que mis opiniones sobre los militares no han cambiado. Éramos un puñado de niños ignorantes con obligaciones. Algunos disfrutaban de aquello, otros no. Cuando me licencié del ejército, lo hice sabiendo que había presenciado y había hecho cosas con las que tendré que vivir el resto de mi vida. Siendo consciente de todo aquello, ya no podía seguir sirviendo en aquellas circunstancias, y me alejé de aquella vida.
Todavía me siento orgullosa de decir que serví a mi país, y siempre me sentiré orgullosa de los hombres y de las mujeres que siguen sirviendo. Lo que cambió fue mi actitud hacia el gobierno.
Cuando recuerdo y leo algunas de las cosas que escribí antes de alistarme, me tiraría del cabello. Estaba convencida y creía que nuestro gobierno hacía siempre lo correcto. No fue hasta que estuve en Iraq cuando descubrí, de primera mano, las decisiones que se estaban tomando en mi nombre, normalmente para empeorar las cosas. Esas decisiones políticas no las tomaba yo, pero las ejecutaba yo.
Éste es el motivo por el cual pienso que es importante que todo el mundo sepa lo que pasa durante el proceso de toma de decisiones. Es importante saber que hay una vida humana en el extremo final de esas decisiones.
¿Cómo decide alguien bombardear a una población entera con la esperanza de matar a un solo hombre? ¿Tan fácil es darle al disparador?
Cuando te encuentras con un hombre que te entrega el cuerpo mutilado de su hijo moribundo y le miras a los ojos, no me digas que crees que la decisión mereció la pena. Cualquiera que no haya estado allí dirá que siempre hay víctimas en la guerra; pero cualquier persona con un poco de conciencia, y que realmente lo haya vivido, ve las cosas de otro modo.”
Una vez más, el horror de la guerra y la repugnante utilización de seres humanos, soldados y víctimas civiles, que hacen desde los despachos los que detentan los poderes políticos y económicos.
Veronica no descubrió a tiempo que hay otras formas de vivir el honor y de forjar un espíritu guerrero, el de aquéllos que se entregan en cuerpo y alma al bien último de todos los seres humanos desde la no-violencia.
Como dijo Gandhi, hace falta más valor y más coraje para resolver los conflictos desde la no-violencia que desde la violencia. Pero ésta es una enseñanza que la humanidad todavía tiene que aprender.
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Tienes la versión original en inglés de lo que está escrito en negrita en http://www.businessinsider.com/iraq-war-wikileaks-2010-12
Una vez más…
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Mi casa, bajo la nieve
Cae la nieve tras la ventana, plácidamente; mientras el pequeño rincón del bosque donde vivo se va cubriendo con una suave y regia capa, sumido en el silencio de la paz inefable que las nieves traen de la mano.
Una vez más, la Tierra nos regala su paz, paz de los sentidos, paz de la mente, paz del alma; sereno susurro de amores entre el Cielo y la Tierra, que sume el corazón en el silencio y la quietud eterna de la vida.
Salgo a la puerta de casa, y de la encina que se eleva a escasos metros de sus muros veo partir al águila, que se aleja volando bajo por entre los árboles del río.
Lamento haber perturbado su altiva paz. Quizás ella también contemplaba, ausente, la caída de los copos desde su improvisado refugio de la encina.
¿Entendería el águila mi tristeza? ¿Comprendería el bosque mi pesar por algo que desde tan lejos me duele? ¿Podría la nieve aplacar la furia del hombre, confundido y obcecado en derramar su propia sangre por ideas y pasiones de las que nada entienden los Cielos y la Tierra?
Brama la guerra una vez más en Palestina… una vez más…
Una vez más, los necios arrastran en su cólera a miles de civiles, de hombres, mujeres y niños, que nada quisieran saber de batallas ni matanzas.
Pero los necios tienen sus razones para arrastrar a todos en su vorágine de sangre y de terror. Si no tuvieran sus razones, ¿cómo podrían justificarse ante sí mismos su propia necedad, su propia cólera insensata, sus irracionales pasiones?
No me pidáis que tome partido. No me pidáis que me incline por unos u otros. Indudablemente, los palestinos, una vez más —¡y son ya tantas!— se llevan la peor parte. Pero no quiero hablar de bandos. Eso es demasiado impersonal; y el dolor, el sufrimiento y la muerte son algo demasiado personal.
No quiero hablar de bandos. Quiero hablar de seres humanos, algunos de ellos quizás enloquecidos, pero seres humanos al fin y al cabo.
¿Por qué nos cuesta tanto entender que «los otros» también son humanos? ¿Por qué tildamos con tanta facilidad al otro de inhumano?
En cuanto le quitamos en nuestra cabeza la calidad de humano al que tenemos enfrente, podemos justificar ya cualquier cosa que le hagamos, cualquier barbaridad, cualquier crimen. Y así acumulamos desmanes y masacres, y odio y ansias de venganza, y más crímenes y matanzas, y más odio, más odio, más venganzas…
¿Por qué nos cuesta tanto comprender que el camino de la violencia no nos lleva a ninguna parte, que el odio y la venganza nos traerán un nuevo dolor más pronto o más tarde?
¿Cómo podemos llamarnos inteligentes, si ni siquiera podemos hacer cálculos de consecuencias a tres jugadas vista, como un mal jugador de ajedrez? ¿Cómo no vemos que la violencia ejercida contra otros traerá más violencia sobre nosotros, más dolor, más tristeza, más pesar, más muertes?
¿Hasta cuándo vamos a seguir jugando a este juego infernal?
Más de 60 años llevan ya israelíes y palestinos derramando su sangre. ¿Cuándo entenderán que su partida demencial es absurda, insensata, inútil y estéril? ¿Cuándo entenderán que la vía de la violencia jamás les dará el mundo y la vida que unos y otros desean?
Pero los necios de uno y otro lado se empeñan en seguir sumiendo a sus pueblos en la pesadilla y el dolor de la guerra, mientras los demás miramos angustiados, impotentes ante tanta insensatez, ante tanta tragedia; preguntándonos qué más podríamos hacer para que unos y otros dejaran las armas y se sentaran a hablar.
Sin duda, no necesitarían 60 años de conversaciones para resolver todas las diferencias que les separan.
Y, mientras, la nieve sigue cayendo, ausente de los dramas que agitan los corazones humanos…
¿Qué piensas tú, hermana Águila? ¿Aprenderemos, como tú, que sólo se puede arrebatar una vida por una exclusiva cuestión de subsistencia?







