Grian – Guerreros del Arcoiris

Decididos a crear un nuevo mundo

Cablegate V: Un puñetazo en la mesa de los medios de comunicación

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Noticias noche: Afganistán, Wikileaks revela que nos hemos gastado billones de dólares y hemos desperdiciado la vida de cientos de nuestros bravos soldados para apuntalar a un regimen inconcebiblemente corrupto. "Y ahora una historia que el pueblo americano debería de conocer" Assange es un presunto violador

El 21 de enero del presente año, la secretaria de estado Hillary Clinton decía en Washington (al parecer, refiriéndose al ciberataque de China sobre Google): “La información nunca ha sido tan libre. Incluso en los países autoritarios, las redes de información están ayudando a la gente a descubrir nuevos hechos y a hacer que los gobiernos sean más responsables”. Luego, contó que, durante su visita a China en noviembre de 2009, Barack Obama había “defendido el derecho de las personas a acceder libremente a la información, y dijo que cuanto más libremente fluya la información, más fuertes se hacen las sociedades. Él [Barack Obama] habló de cómo el acceso a la información ayuda a los ciudadanos a hacer responsables a sus gobiernos, genera nuevas ideas y estimula la creatividad”.

Con lo sucedido tras las filtraciones de WikiLeaks, el discurso de Hillary Clinton (y el de Barack Obama) se nos antoja doblemente deleznable, por no decir hipócrita y falso.

Y es que una buena parte de la clase política occidental se está cubriendo de gloria con la crisis del Cablegate. No sólo no están asumiendo sus responsabilidades políticas (yo, en su lugar, como decía un amigo mío, me pondría una careta y me escondería debajo de la cama para que nadie me viera, de la vergüenza que sentiría); es que, además, están intentando destruir esa libre información de la que tanto cacareaban hace unos meses.

Pero de este estado de cosas no son ellos los únicos responsables. Como decía el periodista de guerra Ramón Lobo en su blog Aguas Internacionales: El juego ha cambiado, las reglas son otras. La principal es que no hay reglas, de momento. Wikileaks representa un puñetazo sobre la mesa de los usos y costumbres de la política internacional, la diplomacia, el ‘hoy por ti, mañana por mí’. También representa una fuerte sacudida para los periodistas, que de tanto viajar en el puesto de copiloto del poder hemos olvidado que nuestra función es ir en otro vehículo”.

No sé si ayer, en el debate de prestigiosos periodistas celebrado en el CaixaForum de Madrid (con profesionales de El País, The Guardian, TVE, ABC, Público y Periodismo Humano), se entonó en algún momento algún mea culpa, si bien Ignacio Escolar, de Público, sí hizo mención de las conclusiones a las que llegó Julian Assange tras darse cuenta del impacto de sus filtraciones, al decir: “Esto demuestra el estado lamentable de los medios de comunicación”.

Desde la sociedad civil nos hemos llegado a cansar de ver cómo los medios de comunicación venían sirviendo a los intereses de los partidos políticos (remito a otro post en este mismo blog, Los periodistas SON educadores), en lugar de servir a los ciudadanos y ciudadanas de a pie que, según los principios democráticos, son los depositarios últimos de todo poder. En la sociedad civil estamos hartos (léase bien, HARTOS) de que los medios de comunicación, en función de los intereses a los que sirven, políticos o económicos, intenten (y consigan la mayoría de las veces) confundirnos, manipularnos, desinformarnos y hacernos opinar lo que aquellos que les mandan quieren que opinemos.

Y es que las evidencias son tan patentes que, a poco que algunos de ellos tuvieran un mínimo sentido ético, dimitirían de sus puestos, o bien asumirían de una vez su sagrado deber de servir a la sociedad y no a los poderes en la sombra o a la luz que les dictan al oído. Ya hablé de los titulares del diario español El Mundo al día siguiente de la publicación en El País de las filtraciones de WikiLeaks, que calificó lo que finalmente ha sido la bomba informativa del año, y puede que del decenio, como de “insulsos documentos”, en un intento por desviar la atención de los ciudadanos. (Pedro J., el director de El Mundo, también haría bien en ponerse una careta y esconderse debajo de la cama.) Y no hace falta hablar de otros muchos medios de comunicación (paradigma de los cuales podría ser la cadena Fox en Estados Unidos) que han quedado en evidencia con WikiLeaks al dejar bien claro quiénes son sus amos y señores, y cuáles son sus verdaderas pretensiones de cara a la sociedad civil: engañar, confundir, manipular y adormecer a la población.

No es de extrañar, así pues, que tras el grave atentado a la libertad de prensa que ha supuesto la reacción ante el caso WikiLeaks, tuvieran que ser los componentes de Reporteros Sin Fronteras los que levantaran la voz exigiendo el respeto a este esencial derecho democrático. ¿Dónde estaban los grandes medios de comunicación nacionales e internacionales? ¿Cómo puede ser que una ONG, pues eso es lo que es Reporteros Sin Fronteras, y no los mismos medios de comunicación, que son en última instancia las víctimas de ese ultraje, haya sido la primera en reivindicar unos derechos que están siendo pisoteados por los poderes establecidos?

Como decía Ramón Lobo, se hacía necesario un puñetazo encima de la mesa de los medios de comunicación. Pero el puñetazo ha llegado desde Internet, que es el medio de comunicación por excelencia de la sociedad civil; y no ha llegado de la mano de un periodista, sino de la mano de un exhacker, Julian Assange.

Esperemos que el colectivo de los periodistas y, por extensión, el de los profesionales de los medios en comunicación en general, haya tomado nota de lo sucedido y asuma la responsabilidad de su importantísimo trabajo para la sociedad, sin dejarse desviar por esos poderes que no obran por el bien de todos, sino por el suyo particular. Como decía Julian Assange en su reciente entrevista en The Guardian, el discurso en Occidente normalmente es libre porque no puede afectar a lo económico, y añade, “Deberíamos interpretar la censura como una señal económica que revela el potencial del discurso en ese campo”.

Es claro que muchos profesionales de los medios de comunicación se van a ver maniatados por esos poderes económicos que, en última instancia, les pagan; pero de todo ser humano se espera —al menos su propia conciencia debe reclamarles— una iniciativa personal capaz de respetar unos mínimos criterios éticos, unos mínimos valores y principios que le permitan sentirse verdaderamente valioso para la sociedad y la humanidad de la que forma parte, aunque eso pueda suponerle problemas y quebraderos de cabeza; porque, si queremos un mundo más libre, justo, solidario, sostenible y pacífico, tendremos que poner TODOS un poco de nuestra parte. Como dice Davida Abrahamson, profesor de la Escuela Medill de Periodismo de la Northwestern University, “Ahí es donde se tiene que demostrar que uno es un buen periodista, en lograr una buena entrevista y escribir un buen reportaje a pesar de las dificultades, manteniendo siempre una profunda reverencia por la verdad”.

De momento, vaya nuestro reconocimiento a los directores y periodistas de los cinco periódicos que han asumido la responsabilidad de publicar las filtraciones de WikiLeaks (El País, The New York Times, The Guardian, Le Monde y Der Spiegel), porque, al menos, su sentido ético les ha llevado a dar este arriesgado paso frente a los poderes establecidos de dentro y fuera de sus países. Y en cuanto a los medios que sirven a amos políticos y económicos, más vale que vayan decidiendo qué van a hacer a partir de ahora, porque la sociedad civil, como acaba de ser demostrado, está diciendo a gritos que hay que contar con ella (véase, en este mismo blog, Cablegate I: la sociedad civil, una fuerza con la que van a tener que contar) , y cada vez somos más los que, como dice el lema de Anonymous, “no olvidamos” y “no perdonamos” tanta desvergüenza. Ahora tenemos Internet, un medio de comunicación global, masivo, que, según los expertos, va a ser muy difícil que alguien —los amos del mundo— pueda llegar a controlar algún día; y el número de personas que busca su propia información en Internet crece día a día.

Por lo pronto, WikiLeaks ya tiene pensado crear un grupo mediático en Islandia, cuyas leyes sobre libertad de expresión e información se hallan a la vanguardia mundial. Este grupo, que se denominará Sunshine Press Productions, promete hacer algo que a la sociedad civil consciente nos resulta muy atractivo: según sus propios términos, “periodismo combativo de calidad”. En la página de Nación Red donde se anuncia (http://www.nacionred.com/censura/wikileaks-impulsara-un-grupo-mediatico-con-el-nombre-de-sunshine-press-productions, a la que se remitía desde El País) aparecía una cita de Julian Assange que resulta un buen broche final para todo lo que hemos expuesto aquí: Tenemos que repensar nuestra comprensión de cómo funciona el poder político. Toda la teoría política actual está en quiebra, todo el pensamiento político, porque no sabemos qué diablos está pasando. Los medios de comunicación establecidos son parte del problema. ¿Por qué alguien va a querer leer lo que ha escrito un periodista? Son ignorantes y tú no lo eres. Los periodistas tratan a los lectores como los padres tratan a los niños”.

Hay una sociedad civil consciente que ya no quiere que los politicos y muchos periodistas, demasiados, les traten como a niños.

Tomen nota, por favor.

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Posdata: Acabo de leer que Javier Bauluz, director de Periodismo Humano, sí que hablo alto y claro durante el debate de ayer en el CaixaForum de Madrid, al decir “Wikileaks es una muy buena noticia para el periodismo y una vergüenza para los grandes medios”, para señalar después que “el periodismo ha derivado hacia el negocio, y no hacia el servicio publico”. Nuestro reconocimiento a Javier Bauluz, el único periodista español que ha recibido el Premio Pulitzer (1995).

diciembre 15, 2010 Publicado por | Ética, Cambio social, Nueva Conciencia | , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Cablegate II: Unas revelaciones peligrosas… ¿para quién?

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El lingüista, filósofo y activista norteamericano Noam Chomsky también ha hablado sobre las filtraciones de WikiLeaks

La secretaria del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, ha dicho que la filtración de los documentos de su departamento por parte de WikiLeaks es un ataque a la comunidad internacional.

Suena muy fuerte. Pero Hillary Clinton, del Partido Demócrata, se ha quedado corta en su evaluación y en sus comentarios sobre el Cablegate cuando los comparamos con las declaraciones de sus compatriotas del Partido Repúblicano; como el congresista Peter King, que pide que Wikileaks sea declarada como organización terrorista extranjera; o como su compañero de partido y posible candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Mike Huckabee, que dice textualmente que “El informante de WikiLeaks debe ser ejecutado”.

Un poco más al norte, en Canadá, Tom Flanagan, asesor del primer ministro de este país, Stephen Harper, del Partido Conservador, pedía hoy mismo en televisión, y ante el estupor de los presentadores, el asesinato de Julian Assange, el fundador y director de WikiLeaks.

No es de extrañar, así pues, que Julian Assange esté actualmente en paradero desconocido, y que, cubriéndose las espaldas, haya dejado debidamente codificado un paquete de 1’4 gigas con nuevas revelaciones, equivalente a varias veces el peso informático de los 250.000 documentos filtrados ahora. Imagino que, si algo le pasara a Julian Assange, este paquete sería decodificado y publicado de inmediato.

Por lo que comentan los protagonistas políticos, los documentos filtrados por WikiLeaks no deben de ser tan “insulsos” como nos quería hacer creer el diario español El Mundo en sus titulares de hace dos días.

Los documentos filtrados por WikiLeaks son “peligrosos”, pero no son peligrosos, como pretenden hacernos creer, para las personas inocentes que puedan estar implicadas en todos esos asuntos. Como dice la periodista Soledad Gallego-Díaz (El País, 28/11/2010):

“La principal acusación que se formula siempre contra periodistas y medios que publican documentos clasificados como secretos por los Gobiernos de países democráticos es que se pone en peligro la vida de personas, o la propia seguridad del Estado. Fue la misma acusación que se formuló contra el New York Times o The Washington Post cuando publicaron, en 1973, los famosos Papeles del Pentágono, el exhaustivo análisis encargado por el propio secretario de Defensa Robert McNamara sobre la implicación de Estados Unidos en el conflicto de Indochina.
“En aquella ocasión, el Tribunal Supremo norteamericano emitió una sentencia histórica, apoyando el derecho de publicación y afirmando que era la Administración la que debía demostrar en cada caso y en cada artículo que existía realmente ese riesgo. “Todo sistema de censura previa del que conozca este tribunal tiene una fuerte presunción de estar viciado de inconstitucionalidad”, afirmaba el TS. Ninguna de aquellas informaciones publicadas por el NYT o por el WP puso nunca en peligro la vida de personas, ni la seguridad nacional de un Estado democrático. En aquel caso, como en los suscitados ahora por las filtraciones de Wikileaks, ocurrió exactamente lo contrario. La información ayudó a salvar vidas inocentes y a mejorar la salud de las democracias fortaleciendo su transparencia y su responsabilidad.
“ ‘La publicación [de estas informaciones] mejora la transparencia, y esa transparencia crea una mejor sociedad para todo el mundo. Una mejor vigilancia permite reducir la corrupción y hacer más fuertes a todas las instituciones de la sociedad, incluidos los Gobiernos, corporaciones y todo tipo de organizaciones. Unos medios periodísticos vibrantes, sanos e inquisitivos desempeñan un papel vital en alcanzar esos objetivos. Somos parte de esos medios’, asegura la carta de presentación de Wikileaks. Quienes participamos ahora de esta historia compartimos la creencia de que los medios de información responsables deben intentar no solo responder a las preguntas que se hacen los ciudadanos, sino, sobre todo, ayudarles a formular las preguntas correctas, esenciales precisamente para su comportamiento cívico. La primera de esas preguntas es siempre: “¿Quién decide por mí? ¿Cómo ha llegado a esta decisión? ¿Qué datos maneja y que objetivos persigue en mi nombre?”. La nueva filtración de Wikileaks supone un gran avance en ese aprendizaje.”

Así pues, ¿para quién son peligrosos estos documentos? Evidentemente, para todos aquéllos que se indignan con ellos, que piden que rueden cabezas o que intentan, en el extremo opuesto, minimizarlos con el fin de que la gente de la calle no se interese demasiado en el asunto. No es un ataque contra la comunidad internacional, como quiere hacer ver Hillary Clinton. En todo caso, es un ataque contra la podredumbre y el vacío ético de unas clases políticas que se han acostumbrado tanto a las mentiras que ya ni siquiera son capaces de ver los principios básicos de una democracia.

Pero, a propósito de los Papeles del Pentágono, de los que habla Soledad Gallego-Díaz en la cita de arriba, conviene nombrar aquí a Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista estadounidense, profesor emérito de Lingüística del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts y autor de más de cien libros, entre ellos Hegemonía o supervivencia: la búsqueda estadounidense del dominio global; pues Chomsky fue quien ayudó a editar y publicar esos Papeles de altos secretos sobre la Guerra de Vietnam a Daniel Ellsberg, el hombre que filtró los documentos en 1973.

Pues bien, resulta que Chomsky fue entrevistado ayer mismo en Democracy Now, un canal norteamericano de TV independiente, respecto a los documentos del Departamento de Estado filtrados por WikiLeaks. Cuando la entrevistadora le habló del comentario de Peter King, pidiendo que WikiLeaks sea declarada organización terrorista, Chomsky dijo que aquello era un disparate, añadiendo: “Creo que deberíamos prestar atención a lo que descubrimos con esas filtraciones. (…) Quizás la revelación o mención más dramática sea el profundo desprecio que muestran por la democracia tanto el gobierno de los Estados Unidos como su servicio diplomático”.

Luego, la entrevistadora puso un vídeo de una intervención de Hillary Clinton, en la que ésta hacía una valoración de las filtraciones del Cablegate en lo relativo al peligro nuclear de Irán. Hillary Clinton decía que los “supuestos” cables del Departamento de Estado no decían nada nuevo, y que lo único que hacían era confirmar la preocupación general existente entre los países árabes ante las acciones y las intenciones de Irán. En conclusión, para Hillary Clinton, esos cables no hacían otra cosa que confirmar que la política de Estados Unidos con Irán está plenamente justificada y cuenta con la aprobación de los países árabes en su casi totalidad.

Hasta aquí, todo parecería muy sensato y muy normal. Pero los comentarios de Chomsky al respecto resultaron muy esclarecedores.

“(…) El hecho de que digan al mundo… que mientan diciendo que el mundo árabe ve a Irán como la mayor amenaza y que quieren que los Estados Unidos bombardeen Irán es sumamente revelador, cuando saben que aproximadamente el 80% de la opinión pública árabe ve a Estados Unidos y a Israel como la mayor amenaza, en tanto que un 10% ve a Irán como la mayor amenaza, y que una mayoría, un 57%, piensa que la región mejoraría si Irán tuviera armas nucleares como elemento disuasorio. [Datos aportados por unas encuestas recientes del Instituto Brookings, tal como había explicado previamente Noam Chomsky.] De esto ni siquiera hablan —continúa el profesor—. De lo único que hablan es de lo que dicen que han dicho los dictadores árabes, esos brutales dictadores árabes. Y eso es lo que cuenta [para ellos].
“Hasta qué punto es representativo de lo que dicen, no lo sabemos —continúa Chomsky—, porque no sabemos cuál es la filtración. Pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que la población es irrelevante [para los líderes políticos americanos]. Lo único que importa es la opinión de los dictadores a los que ellos apoyan; y si ellos nos van a apoyar a nosotros, es decir, si el mundo árabe nos apoyará. Esto nos ofrece un cuadro muy revelador de la mentalidad de los líderes políticos de los Estados Unidos… Les importa muy poco lo que la población árabe piense.”

Viñeta de Forges en El País (01/12/2010)

Después, y en relación con lo que hablábamos en nuestro último post acerca de los “amos del mundo”, la entrevistadora le pregunta a Chomsky acerca del Tea Party, ese movimiento político ultra relacionado con el Partido Republicano y que ha generado mucho alboroto en los últimos meses buscando socavar la imagen de Barack Obama.

“El movimiento del Tea Party en sí —dice Chomsky— forma más o menos un 15 o un 20% del electorado. Gente relativamente acaudalada, blanca, xenófoba; ya sabes, tienen algo más que una veta de lo que sería el patrioterismo tradicional. Pero lo que resulta mucho más importante, a mi entender, es el sentimiento del que se siente ultrajado. Más de la mitad de la población dice que en mayor o menor grado apoyan al Tea Party, o que apoyan su mensaje. Lo que la gente está pensando es sumamente interesante. Quiero decir, las encuestas revelan de forma abrumadora que la gente se siente extremadamente amargada, furiosa y hostil, y que está en contra de todo.
“La principal causa, indudablemente, es el desastre económico. No es sólo una catástrofe financiera; es un desastre económico. Me explico; en la industria, por ejemplo, los niveles de paro se encuentran en el nivel de la Gran Depresión [de 1929]. Pero, a diferencia de la Gran Depresión, estos empleos no están regresando. Los propietarios y los empresarios de los Estados Unidos hace mucho que tomaron la decisión de que podían sacar mayores beneficios con unos complicados acuerdos financieros que con la mera producción. De ahí las finanzas; esto se remonta a la década de los 70, Reagan lo aceleró y, luego, Clinton también. La economía se ha financializado.
“Las instituciones financieras han crecido enormemente al compartir los beneficios de las empresas. Puede que sea en torno a un tercio o algo así actualmente. Al mismo tiempo, y en la misma medida, la producción se ha exportado. Así, uno ahora compra aparatos electrónicos chinos. China es una planta de montaje de un centro de producción del nordeste asiático. Las partes y los componentes proceden de los países más avanzados, y de los Estados Unidos, así como la tecnología. De modo que sí, allí resulta más barato montar los aparatos, para venderlos después aquí de vuelta. Y lo mismo ocurre con México, con Vietnam, etc. Ése es el modo en que se obtienen beneficios.
“Pero esto destruye la sociedad aquí, aunque eso no le preocupa a las clases empresariales ni a los propietarios. Su única preocupación son los beneficios. Eso es lo que está dirigiendo la economía. El resto no son más que las consecuencias. Y la gente está muy furiosa con esto, pero parece que no lo entienden. Y así, las mismas personas que conforman la mayoría, que culpan a Wall Street de la actual crisis, están votando a los republicanos. Wall Street tiene en su bolsillo a los dos partidos, pero los republicanos lo están mucho más que los demócratas.”

Finalmente, la entrevistadora la pregunta a Chomsky qué le diría a Obama en caso de ser uno de sus consejeros, y Chomsky responde:

“Le diría que hiciera lo que Franklin D. Roosevelt hizo cuando los grandes empresarios se le opusieron; que organizara y estimulara la oposición pública y que llevara a cabo un serio programa populista, cosa que se puede hacer. Estimular la economía. No ceder en todo con los financieros. Poner en marcha una verdadera reforma en la sanidad. La reforma sanitaria que se ha puesto en marcha puede suponer una ligera mejoría, pero deja sin tocar algunos problemas importantes. Si estás preocupado por el déficit, presta atención al hecho de que ese déficit se debe en su mayor parte a los gastos militares y a este completamente errado programa sanitario.”

Aunque parezca que me he alejado mucho de las filtraciones de WikiLeaks, si se piensa bien, no me he desviado demasiado. Estamos hablando de lo mismo, de los amos del mundo (repito, quienes controlan el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio), de su “brazo político” (los neoliberales principalmente, y luego, en orden decreciente, el resto del panorama político, desde la derecha hasta, a regañadientes, pero colaborando también, el centro izquierda europeo), del estado con el que imponen su dominio global (los Estados Unidos de América) y de su manera de imponer ese dominio, a través de las presiones, las coacciones y el poderío bélico de ese estado, y de los movimientos, claramente maquiavélicos, de la economía internacional.

Y en todo este pastel ha venido el señor Julian Assange con su WikiLeaks a destapar la caja de los truenos.

Peligroso, ciertamente peligroso lo que ha hecho el señor Julian Assange; pero peligroso, única y exclusivamente, para quienes pretenden dirigir el mundo a su antojo desde su poder económico, y peligroso para sus títeres políticos, no para la sociedad civil, que, a poco que esté informada, debería de sentir que algo puede cambiar para bien con las filtraciones del Cablegate.

Seguiremos hablando de ello.

diciembre 2, 2010 Publicado por | Ética, Un nuevo mundo | , , , , , , , , , , , , | Dejar un comentario

   

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